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domingo, 8 de abril de 2012

La Garza del Sol


Todos estaban absortos escuchando a Adrih, hasta que presenciaron la entrada colosal de alguien realmente espectacular. Una flamante “Garza del Sol”, cubierta de bellas y lustrosas plumas estilizadas, que le dan un aire de genuina realeza. Al abrir sus alas, forma un despampanante abanicodonde realza un círculo color anaranjado brillante, como si alguien hubiera dibujado en cada una de ellas, al sol resplandeciente. Cuando está en pleno vuelo, la cola casi se une por completo a sus alas, de tal forma, que al mirarla de lejos, parece una bella y gigante mariposa, emergida de un país invisible encantado.
La Garza del Sol luego de pavonearse un poco, exhibiendo su belleza, nos cuenta con detallado ingenio, la historia acerca de su origen:
La tatarabuela de mi honorable tatarabuela, era una garza común y corriente, con la diferencia, que en vez de tener las plumas blancas y lustrosas, ella tenía su plumaje de un color lúgubre y desaliñado, como si la hubieran salpicado con lodo, por éste motivo, todos se burlaban de ella, su vida era semejante a la de la cenicienta infeliz, de un famoso cuento de hadas, que tenía que soportar las continuas afrentas de su propia familia, que nunca la incluía en sus actividades recreativas.
En cierta ocasión, debió trabajar sin descanso todo el día y la noche, hasta quedar exhausta, ya que su familia, había programado un vuelo, donde emigrarían a una bella región, con el propósito de conocer otras tierras y aparearse. Toda su familia, estaba tan concentrada en éste viaje, que nadie la invitó y realmente, a nadie le importó que ella quedara completamente sola y desamparada, a merced de su suerte.
La garza solitaria, se sintió realmente abatida y humillada, impotente ante aquella situación, que le causaba tanta desdicha y dolor.Cuando llegó la alborada, la sorprendió llorando profusamente, sin consuelo. Tanto era su llanto, que se formó con sus lágrimas un pequeño riachuelo, con sabor a hiel y a sal, pues nada ni nadie lograba calmar su pena. La alborada, preocupada y sin saber que hacer se dirigió al castillo del sol, y solicitó una audiencia de carácter urgente, con el astro rey, contándole con lujo de detalles, cual era la situación de aquella infeliz y solitaria garza fea y desprotegida que se había convertido en la esclava indefensa de toda su familia que abusaba de ella, exigiéndole que despiojara a tan innumerable prole. Al astro rey, le preocupó la situación de éste desdichado ser y le pidió a la alborada que le llevara un mensaje de su parte, a la garza solitaria. Ella debía llenarse de fuerza y de coraje para volar hasta alcanzar su rostro. El de alguna manera, encontraría la forma de ayudarla.
La garza, al recibir ésta gentil invitación que venía con el membrete, sello y firma del sol, se sintió muy honrada y esta vez, lloraba aún mas, lo hacía de felicidad y gratitud. Entonces, decidida y optimista, secó sus lágrimas saladas y desplegando sus alas, emprendió el largo vuelo, cuyo único objetivo era atender a la gentil invitación que le hizo el sol.
Al llegar hasta el rostro resplandeciente del astro rey, se sintió cegada, por el fulgor de sus rayos y al posar sus largas patas sobre el, éstas se le encogieron a causa del inmenso calor.
¿Que podría hacer el sol, para cambiar el feo aspecto de la garza desdichada?
Pensó, que si decidiera pintar sus alas, con los colores candentes de sus rayos, éstas no resistirían la gran temperatura y quedarían reducidas a cenizas. Entonces miró el aspecto mas importante de la garza, miró en su interior, la parte intangible de su ser, y descubrió que aquella escuálida y fea criatura, tenía sentimientos realmente bellos. El sol, descubrió en la garza, un corazón sencillo, inmaculado, puro, que resplandecía en su interior, como resplandece el oro, cuando es sometido al fuego.
El sol, se sintió extasiado ante la magnitud de su descubrimiento, entonces, desde la belleza del corazón del ave, tomó el color refulgente y dorado que era similar al de sus rayos, y pintó en las alas de la garza, dos círculos hermosos que parecían soles. La garza se sintió maravillada ante el cambio que hizo el sol en ella, valiéndose de la belleza interior, que ella misma ignoraba tener.
Ahora en su transformación, de esclava cenicienta, ha pasado a ser como una esplendorosa reina ataviada de galas reales, admirada y consentida predilecta del astro rey.
Por este motivo, es conocida y respetada hoy por todos sus congéneres, quienes la llaman con mucho acierto: “La Garza del Sol”.

Marta Lilián Molano L
(Fragmento del libro Bebé Adrih Sueña)

La Gaviota de Oro

Una Historia de Amor y de Perdón
Dedicada a Monique
(Retazos De Mis Vivencias)

Sucedió hace algunos años  que esta historia comenzó,
en un lugar muy hermoso que creó la mano de Dios,
cada mañana temprano, el señor sol le miró
salía muy feliz al campo aquel joven sembrador.

Los astutos conejillos, se iban detrás a mirar,
donde sembraría el repollo, para luego irlo a robar
y el sembrador niña hermosa, mas de una vez recogió,
algún pajarillo herido y con ternura le cuidó.

Sus manos tenían callos, que la tierra allí plasmó
mas eran fuertes y bellas las manos del sembrador.
Sucedió en un día cualquiera, que después de ir a sembrar,
el Sembrador De Mi Historia se detuvo a descansar

y también en ese día desde un lejano lugar,
de un cuento rosado de hadas, alguien se quiso escapar.
Era una Gaviota de Oro con piquito de rubí,
con ojitos de esmeralda y patitas de zafir.

Y a perseguirla una joven también del cuento salió
y tras la gaviota aquella la joven corrió...corrió...
Subió elevadas colinas y los desiertos cruzó,
en busca de la gaviota que feliz  voló y voló.

Mas cansada ya la joven al ver que no la alcanzaba,
le preguntó al señor sol  hacia que tierras volaba.
El sol contento y radiante con su luz le respondió:

-“Apresúrate a la tierra, donde vive el sembrador”.

El arco iris muy atento su sonrisa le brindó
y la invitó a que viajara en sus rayos de color.
Mas al llegar a la tierra donde vive el sembrador,
la sonrisa de la joven en llanto se convirtió.

Iba tan feliz pensando a su gaviota alcanzar,
que no vio aquel tronco viejo que la hizo resbalar.
Después de un breve momento muy herida se encontró,
sobre un terreno de espinas que su vestido rasgó.

Su vestido que era blanco, de sangre y barro manchó
y muy triste sollozando la noche la sorprendió.
Mas de camino a su casa iba ya aquel sembrador,
cuando la luz de la luna a la joven le mostró.

Y sus ojos se encontraron... Los de el, dulces como miel
los de ella triste lloraron por su vestido rasgado
que ya no podía coser. En silencio, así se hablaron
la luna  los pudo ver,  ella entendió comprensiva,
lo que el sembrador decía en sus miradas de miel.

El tomándola en sus brazos cada herida le sanó
y en tanto que la sanaba, de su boca y su mirada
néctar de miel le brindó.
Y ahora dime niña hermosa ¿ Has de oír lo que pasó?
Después de habersen casado el sembrador de mi historia,
a su casa la llevó.
Y al pasar algunos meses los dos soñaron tener
en sus brazos un capullo con su carita de rosa y su mirada de miel.

Mas este sueño anhelado tan bello no pudo ser,
y así en un día de invierno el sembrador de mi historia,
calladamente se fue;  salió a buscar otra tierra
donde pudiera obtener aquel hermoso capullo,
con su carita de rosa y su mirada de miel.

Y quedó triste llorando la esposa del sembrador,
quedó muy triste llorando, porque ella no pudo darle
el capullo que soñó.

Mas escucha, niña hermosa
Alguien hoy me contó a mi, que vieron volar muy bajo
a aquella Gaviota de Oro con piquito de rubí,
y en un rayito dorado sobre sus alas llevó,
cabalgando a aquella joven  
que al fugarse de aquel cuento, conociera al sembrador.

Esta mañana oí un canto que a mi ventana llego,
me lo trajo una gaviota sobre sus plumas de oro,
envuelto en rayos de sol y al escucharlo decía:
“Es para Monique mi Amor”

Eres tu mi niña bella el regalo que soñé,
con tu carita de rosa y tu mirada de miel,
tus manitas son de seda, tus sonrisas de algodón
con ternura desde lejos, en sueños te arrullo yo.

Y así  mi niñita bella esta historia terminó,
tu eres El Capullo Hermoso, Tu Padre es El Sembrador
y quien voló en la Gaviota del Ensueño y La Ilusión,
escúchalo niña hermosa, mi pequeña  -"Esa Soy Yo”

Marta Lilián Molano L.

sábado, 7 de abril de 2012

El Regreso del Sembrador

(La Gaviota de Oro Veintiocho Años Después)
(Retazos de mis Vivencias)
El Sembrador ha vuelto el de ojos de Miel, trajo con el tres rosas y un precioso clavel.
Las algas le contaron a un alegre quetzal, por el camino angosto hoy le han visto pasar.
El sembrador se acerca me lo dijo la luna, mientras teje sus sueños de perlas y de espuma.

Hace ya muchos años escribí al sembrador, un poema que siempre guardé en mi corazón.
Como si fuera un pacto de la tierra y el cielo y hubiera sido impreso con un punzón de hierro.
Tres décadas pasaron, borrascas y tormentas y tras su larga ausencia, del precioso camino que una vez recorrimos, se borraron sus huellas.
El sembrador ha vuelto hoy preguntó por ti, quiere hablarte al oido, con sonrisa traviesa me lo dijo un jazmín.
Los árboles susurran y la brisa también !El Sembrador ha vuelto, el de Ojos de Miel! Trajo tres bellas rosas y un precioso clavel.
Sus varoniles manos las que yo tanto amé, hoy algo temblorosas emergen en mis sueños como alas de gaviota...
!Como alas de gaviota en las que un día volé, mientras buscaba un sueño que nunca conquisté!
Hablamos brevemente sin rencores ni dudas, sin heridas sangrantes, sin recuerdos distantes, porque estaban dispersos jugueteando en el aire...
Un ríctus de tristeza adiviné en su boca ¿Su boca? Sí su boca, la que tanto besé, la que me supo a mangos, a duraznos y a miel.
Inviernos han pasado coronando sus sienes con escarcha de ensueños, primaveras y nieve.
!El sembrador ha vuelto, hoy escuché su voz!
Su voz como riachuelo refrescando a la hiedra
Como suave caricia de la brisa a la piedra,
Como aroma al desierto, como trigo al hambriento
Como lluvia a la flor...

!El Sembrador ha vuelto hoy escuché su voz!

Marta Lilián Molano L
Noviembre 8 de 2011



viernes, 6 de abril de 2012

El Elfo y La Vida


Allá en la montaña un Elfo camina,
 solo y taciturno detiene su paso,
bajo el suave embrujo del  gentil ocaso
y el vuelo agraciado de dos mariposas
que felices danzan entre rosa y rosa

Suspirando el Elfo, medita  estas cosas:

Es breve la vida, como una sonrisa,
como la esperanza del capullo en flor
igual que la danza de las mariposas
que alegres conquistan su jardín de rosas…

En dulce embeleso la brisa sagrada
cobija con besos sus gráciles alas
y las mariposas se quedan dormidas,
 en éxtasis pleno se les va la vida.

El Elfo solloza triste en su montaña,
se aleja la brisa con garbo y con calma.
despierta la noche… ve las mariposas
y teje un rosario de lágrimas frías de nardos y rosas.

Somnolienta el alba busca sus sandalias,
corre despeinada al oír el llanto
del Elfo y la luna, allá en la montaña.

Se acabó la danza de las mariposas,
el violín del viento esparce sus notas
en la alfombra mustia de un lecho de hojas…

Se apagó la estrella, se extinguió la vida
y en las bellas alas de las mariposas
la esperanza triste del Elfo y las rosas,
se quedó dormida.

Marta Lilián Molano L
Abril 3 de 2012
(Registro Nacional de Derecho de Autor numero:1-2012-15908)

jueves, 5 de abril de 2012

El Llanto del Limonero

"En homenaje a los niños que mueren cada día por causa de los violentos"
Un rosario cristalino de gotitas de lluvia, se desgaja sobre las hojas de los árboles. Empieza a anochecer y a lo lejos, se escuchan detonaciones que hacen estremecer a Yalú,  el pequeño niño indígena de tan solo cinco años, oriundo de una tribu cercana.
En su comarca, siempre había reinado la paz. Entre las tareas cotidianas, los hombres se  dedican a las labores agrícolas y las mujeres, tejen canastos de yute.  Con frecuencia, los pequeños acompañan a sus padres a navegar sobre largas piraguas, mientras ellos les enseñan a pescar  y en la noche, bajo la prodigiosa luz de la luna, al calor de una fogata, todos suelen reunirse para escuchar a los sabios abuelos de la tribu, contar historias fascinantes de sus antepasados.
Hoy la calma que reinaba entre su gente, se desgarró de dolor ante la cruel presencia de los hombres violentos que irrumpieron en su tierra.  ¡Ahora ya todo terminó!
El regazo dulce del hogar se manchó de sangre y luto que a su paso, ha dejado la tonada triste del “Yaraví”, cuyo eco galopa al vaivén de su aterrado corazón.
Yalú, no logra contener su pánico , ni el temblor de sus manos heridas, que son acariciadas por las gotas de  lluvia, como si todo el cielo se deshiciera en lágrimas, para borrar de sus mejillas tiernas  doradas por el sol, el llanto incontrolable del pequeño.
El precioso tesoro de la paz, que iluminaba la comarca, quedó ultrajado bajo las botas de la infame prepotencia, como un gorrión sin nido y sin aliento, con las entrañas trémulas de frío, esparcidas al viento.
Yalú, recuerda las mañanas cuando corría sobre bellas montañas, enmarcadas entre los colores del arco iris.  Hoy su recuerdo, forma parte del mágico ayer, que quiere abrirse paso entre la bruma de su desconsuelo, y su inocente infancia huye despavorida, entre febriles rictus, buscando de su abuelo la perdida sonrisa desdentada, que se quedó dormida en las columnas de humo que visualiza lejos, como si fueran seres infernales, dementes, que malévolos rugen entre escombros, arrasando a su paso, los cultivos en cierne de maíz, que han sido siempre su fuente principal  para el sustento.
Allí acurrucado inerte, recostado a un árbol limonero, bajo el abrigo de hojas y flores pequeñitas de azahar, Yalú duerme envuelto en la cortina de la noche, bajo la absorta mirada de pequeños luceros que iluminan su frente, con suspiros helados como espinas punzantes, que sus gélidas sienes han teñido con gotitas de sangre, y al beso cristalino que se fugó temblando entre la lágrima de un ángel, las gotitas quedaron trasformadas en chispas de rubí, sobre la frente del niño solitario de tan solo cinco años, que se quedó dormido para siempre, a quien el sol un día  pintara sus mejillas y con dulce primor los pies descalzos, que plasmaron sus huellas inocentes en las entrañas húmedas del fango.

¡Yalú, Yalú!  Acarician tu frente, pequeñas flores blancas de azahar; unas tras otras se desprenden llorando de las ramas heladas... a prisa se deslizan sobre las hojas frías, temblorosas y tristes, de quien tratara en vano socorrerte y te brindó el refugio de sus ramas caídas  ¡Aquel vetusto árbol limonero que hoy desconsolado llora tu partida!

“¡Yalú, Yalú!  El árbol limonero te recuerda en su follaje verde jugueteando, absorbiendo el aroma de las pequeñas flores de azahar, que hoy te coronan tristes sollozando.  El limonero añora tu angelical sonrisa, al descubrir ocultos en sus ramas, nidos plateados y tiernos pajarillos asustados, que fugaces al verte, emprendieron el vuelo y exhibiendo sus plumas de colores  surcaron el azul bello del cielo, para plasmarle una sonrisa hermosa, al astro sol y a todos los luceros”.
Hoy, en la madrugada un pajarillo indígena, de collarcito blanco a quien llaman jilguero, posó sus gráciles patitas en tu frente y ha manchado el plumaje de su cara, con gotitas de sangre que brillan como chispas de  rubí.  En vano el emplumado de canto primoroso, intentó despertarte y ha decidido hacer su morada de paja, entre el follaje trémulo del limonero, para brindarle al árbol su consuelo, por haber hoy perdido a un buen amigo  y su blanca sonrisa de azahares.
Un río caudaloso de cristalinas aguas, te da la bienvenida cuando te ve pasar, en tu hermosa piragua reluciente de hojas temblorosas, que el sol forjó con filigrana  de oro y decoró con flores perfumadas que llorando cayeron del triste limonar.
Yalú: Tu lastimero llanto se ha convertido en risa, al escuchar el canto del jilguero.  La  lúgubre tonada que encierra el “Yaraví”, ahora forma parte de otro mundo. En tu rostro aparece una sonrisa, al contemplar a una Paloma Blanca, con ojos titilantes de lucero.
-Ya no temas Yalú,  pequeño niño de los pies descalzos – Le ha dicho con ternura  la Paloma volando a acurrucarse en su regazo - También a mi me hirieron; puedes mirar debajo de mis plumas justo en el corazón, incontables chispitas de rubí.  Mis alas blancas ofrecí dichosa como sublime emblema de la Paz, para surcar resplandeciente el cielo, impregnando de amor  toda la tierra y el corazón sediento de la humanidad. ¡Pero ya ves pequeño también a mí me hirieron! Tu puedes comprenderme a pesar de tu edad.
Así le dijo la Paloma Blanca, al pequeño niño indio cuyo nombre es Yalú, el de sonrisa dulce impregnada de nácar e inocencia y mejillas doradas de canela, el de los pies descalzos, que tiene una corona de azahares y en sus cándidas sienes, gotas de sangre que al mirarlas  brillan como si fueran chispas de rubí.
La brisa cantarina como niña traviesa juguetea en tu cabello,  a la orilla del río mil bellas azucenas te dan la bienvenida, mientras cantan felices en la lengua  aimará, como si fueran náyades ingenuas, hermosas ninfas blancas que despiertan y sentaditas todas, sumergen en el río con gracia y muy sonrientes, las níveas plantitas de sus pies.
Yalú feliz observa aquel bello horizonte que atento le recibe, con el mágico trino de gorriones y alegres ruiseñores que juegan con las ninfas, vestidas de azucenas y la Blanca Paloma, que acaba de encontrar su dulce nido y acurrucada se quedó dormida en el regazo cálido del niño.
Arrullados los dos apacibles, serenos, navegan en las aguas cristalinas sobre el grato vaivén de la piragua y el aroma exquisito de azahares.
La embarcación dorada se desplaza con el aliento de la amable brisa y suavemente encalla en la  rivera.  Centellean mil fulgores nacarados sobre el lecho del río, es la  Paloma Blanca acurrucada en el hombro del niño, que escondió su cabeza entre las alas, muy cerca de sus cándidas mejillas.
 -Yalú, ¡Te doy la bienvenida a mis dominios!  Ha dicho Negus, el Pastor sonriente que entre sus brazos lleva a una ovejita. El niño ha descubierto que en las rústicas manos del Pastor, también brillan chispitas de rubí que han quedado incrustadas en sus palmas.
A lo lejos se escucha  el balar insistente de un rebaño que llama a su Pastor.
Negus refleja paz y en su rostro se advierte, como si aquel paisaje inmaculado, palpitara en su alma y su divinidad  parece reflejarse desde dentro y reposar sobre sus  bellos ojos, de mirada serena que todo lo ilumina.
Caminaron sin prisa. Incontables destellos emergen silenciosos, de las alas blanquísimas del símbolo supremo de la Paz y con gracia se posan  sobre el follaje espeso de los árboles y en la ovejita que feliz retoza, contestando el balido del cercano rebaño.  Negus y Yalú. Descansaron bajo la sombra de un roble frondoso.
                -Me dormí asustado, recostado al abrigo de un árbol limonero, que lloró muchas flores de azahares  mientas mi pueblo triste, cantaba el “Yaraví” dijo el pequeño Yalú.
Y yo -Dijo el Pastor- oí tu llanto, cuando me disponía a ir en busca de mi oveja perdida.  Al llegar junto a ti, un jilguero trató con su armonioso canto despertarte, entonces decidí traerte de regreso a mis dominios en la piragua mágica del sol.
Una Gacela esbelta de hermosos ojos negros veloz llegó hasta ellos.
-He recorrido sitios muy lejanos - Ha dicho la Gacela- Me desplazo en el mundo de los sueños que viven muchos hombres que encierran sus temores, entre palabras ásperas e hirientes, que acaban con las vidas inocentes, sin pensar que al hacerlo, de verdugos también pueden ser víctimas.  Yo recorro parajes muy hermosos donde existe la Paz.  Disfruto plenamente y vivo cada instante con mucha intensidad, como si la vida se alegrara en plasmar su belleza, aún en los segundos que transcurren. - Estas palabras dijo la Gacela mientras con gracia olfateaba el aire. ¡Maravilloso es apropiarse de todo el universo, yo puedo contemplarlo a través de los ojos sublimes de Negus, mi Pastor!.
 -¿Qué tiene Negus que no tenga otro pastor cualquiera? – Le preguntó Yalú curioso a la Gacela. Tampoco has dicho cual es tu nombre. Yo soy Yalú y tengo que decir, que no todos los días se puede conocer a una Gacela, inteligente y bella como tu.
-Mi nombre es Centella- Respondió la Gacela.  Espero que a partir de este momento, seamos muy buenos amigos.  Negus es el Pastor de todos los pastores.  Su blanquísima túnica simboliza nobleza y el manto rojo que en su hombro adviertes, es emblema del mas perfecto amor.
 -¿Y tu Gacela? Dime: ¿Tu quien eres?- Le preguntó Yalú, mirándole a los ojos con gesto interrogante.
 -Mi nombre te repito es Centella y me fugué de un sueño inmaculado. Respondió la Gacela. Hace ya muchos años me poseía una mujer piadosa, aunque ella no lo supo porque nunca me vio.- Y la Gacela continuó diciendo:
Negus el fiel  Pastor, plantó un hermoso huerto en el alma de aquella gran mujer.  El era el sol que le brindó su luz todos los días y la mujer piadosa lo regaba aún sin darse cuenta, con el torrente hermoso de su fe.
 Una noche la mujer tuvo un sueño que jamás olvidó.  Estaba contemplando un fértil huerto, aunque ella ignoraba que el huerto existía en su alma. Extasiada recorrió con la vista aquel hermoso campo, la brisa acariciaba su rostro. Dirigió la mirada hacia lejanas montañas y mientras observaba  el  paisaje apareció ante ella un gigante muy bello esplendoroso, que opaca en su cenit  al mismo sol.  El gigante lentamente caminaba hacia ella; su cabello castaño llegaba hasta los hombros y al vaivén de la brisa descansaba sobre su manto púrpura.  La túnica muy blanca...tan blanquísima era que podría encandilar a todas las estrellas. Su estatura realmente impresionante pues las altas montañas, apenas conseguían detenerse bajo el coloso ruedo de su túnica blanca.  La diferencia entre El y la mujer era tan grande, que fácilmente puede compararse con la ínfima hormiga, que contempla asombrada  la gran magnificencia de la Torre Eiffel.
               -¡Negus, Negus! -Gritaba la mujer con todas sus fuerzas, saltando como salta una gacela, mientras lloraba de felicidad y su alma alcanzaba, mirando fijamente a los ojos del Pastor, la plenitud de todo el universo.  Y es que la mujer siempre creyó en  El,  aunque en su vida nunca lo había visto.
Así es la Fe genuina - Decía la Gacela - “Ella es quien en su seno concibe a la esperanza”.
Al día siguiente, la mujer piadosa  contaba a su pequeño de tan solo siete años, el sueño que la noche anterior había tenido con el gigante Negus.

               -Prométeme Jacobo, que nunca olvidarás lo que hoy te he compartido.  Nunca olvides que Negus es el Pastor de todos los pastores y también planta huertos de amor y de esperanza, en el alma de aquellos que quieran transformarla.
 Pero Jacobo, dejó hace muchos años de ser niño y en su campo donde pudiera haber un huerto fértil, hoy tan solo hay abrojos poblados de alimañas, que envenenan su vida cada día y carcomen la esencia de su alma.
Esta es la fiel historia que ha contado Centella, la Gacela con voz pausada y triste a Yalú, el pequeño niño indio que atento la escuchaba.
¡Pero siempre hay semillas en el campo!  - Ha dicho Negus el gentil Pastor.  Unas pueden dormir ocultas entre abrojos, hasta que llegue la hora propicia para que lentamente se despierten, también Jacobo al igual que su madre, ha de tener muy pronto su propio huerto fértil.
El ocaso ha posado sus labios silenciosos sobre la sudorosa frente de Jacobo que se quedó dormido, bajo un frondoso árbol limonero, esperando el momento para emprender su lucha vil, sangrienta, contra aquella comarca. Sus botas están llenas de fango endurecido y a su lado reposa una metralla.
Una mano pequeña ha tocado en su hombro...señor, señor...Aquella voz angelical, sonora, le despierta. - ¿Quisiera usted  señor bajarme de esa rama  mi cometa?

Jacobo se incorpora lentamente y al ver ante sus ojos, aquel niño descalzo con mejillas doradas de canela, le parece imposible estar despierto...!El es Yalú, el mismo niño indio  que viera agonizando entre su sueño!.
Con sigilo el abuelo se aproxima y en las alas ingenuas de la brisa, desde su boca agreste  desdentada, se fugó dulcemente una sonrisa.
Oculto en el frondoso limonero, un jilguero entonó su melodía y el imponente ocaso, dibujó  una corona de esperanza, al contemplar a la Paloma Blanca, que en su plumaje guarda chispitas de rubí,  surcando el cielo en soberano vuelo hacia el azul supremo del cenit.

 Marta Lilián Molano L
Fragmento del libro El Otoño en los Ojos de un Niño

lunes, 2 de abril de 2012

Cascaroncitos Rotos


En el atardecer de un día domingo,
cuando apacible y sola caminaba,
debajo de un arbusto gigantesco,
que frente a una casona abandonada,
cual veterano soldado de guerra
cerca de su portal, montaba guardia 

Vi desprenderse  en un crujir de hojas,
a un nido muy pequeño de sus ramas
y sin que nadie, pudiera evitarlo,
indefenso cayó bajo mis plantas.

Cascaroncitos rotos se esparcieron...
fragmentos de una vida  ya quebrada,
y ante el partir de aquella tierna  vida,
que no pudo cantarle a la alborada,
entre las alas rotas del silencio
un recuerdo fugaz llegó a mi alma.

¿A dónde va el amor  cuando se ha ido?
¿a dónde va el amor  cuando ha volado?

¡Cuántas huellas  quedaron en el nido!
pequeñas plumas de colores vivos,
que el sol en su fulgor había pintado,
hoy solo son retazos desteñidos... 
insistentes fantasmas escondidos,
que se resisten a vivir guardados,
para siempre en el álbum del olvido...

¿A dónde va el amor  cuando se ha ido?
¿A dónde va el amor  cuando ha  volado? 

¿Quizás como jinete enardecido
Buscó su fruto en un edén prohibido
Y preso entre sus ramas ha quedado?

¿A dónde va el amor cuando se ha ido
y deja un corazón tan lastimado?

Yo quisiera ser frágil, cual gaviota
y extendiendo mis alas, remontarme
al país de los sueños ya perdidos,
donde las aves  han dejado el nido
y esperando por mí...¡Allí encontrarte!

Marta Lilián Molano L 


domingo, 1 de abril de 2012

Oh Quien Pudiera


(Anhelo de una Inca)

Si traspasar pudiera la frontera
Como el águila airosa en pleno vuelo,
Si lograra beberme el horizonte
Haciendo mío el majestuoso cielo.

Si fuera blanca espuma entre las olas,
Con canto entretejido de sirena
Yo llegaría feliz hasta tu playa,
A disfrutar el fuego de tus besos
Sobre el ropaje inmenso de tu arena.

Quiero volar sobre las alas del águila, mas allá de la frontera y conquistar un bello sueño que nació en mi corazón y se hizo visible en otro continente.
Marta Lilián Molano L
(Enero 25 de 2009)

viernes, 30 de marzo de 2012

Panamá


Panamá... La populosa ciudad con olor a algas marinas, donde los sueños se esparcen con la brisa y las gaviotas se visten con los rayos del sol. !Panamá! Donde mis anhelos se convirtieron en cenizas mezcladas con lágrimas que brillan sobre la tumba desierta de mis flores.
(Kesedihan saya adalah wajah seorang memori tidur menerangi langit .)
Mi tristeza tiene el rostro de un recuerdo que duerme iluminando el cielo.
Marta Lilián Molano L  (Marzo 29 de 2012)

La tristeza es un estado pasajero, como los nubarrones que descienden danzando entre la lluvia, antes de difuminarse en la sonrisa del sol. La tristeza tiene el rostro del color de la tierra y las entrañas fértiles de las montañas sagradas que se cobijan con flores de todos los colores. La tristeza tiene olor a crisantemos, a nardos y a rosas blancas, donde llegan las mariposas a perfumar sus alas.

Marta Lilián Molano L
(Abril 1 de 2012) 

jueves, 15 de diciembre de 2011

A Tu Memoria




Para La Estrella Que Eres Ahora
(In Memoriam  Diciembre 25/2007)

Esposo de mi ayer, así yo te recuerdo: 
Tu risa entretejiéndose a mi risa, mi mano que se pierde entre tu mano, 
Tus huellas y mis huellas, dirigiéndose al rio, tu anhelo conjugándose en el mío.
Ruiseñores volando… olor  a tierra, a leña, a mangos  y a naranjos en flor.
El agua  acariciando nuestros cuerpos desnudos…
La melodía de antaño de Moré, haciendo suspirar a las palmeras.
Así, hombre de  mi ayer  emerges en mi mente
Con sabor a canela, a hiel, a ajenjo… a lágrimas saladas.
Cabalgas en la bruma del pasado,  invades mi presente,
Como el esposo hambriento de caricias,  que pronunció mi nombre
Con rabia, con dolor y con ternura…quizás también con algo de locura.
Mi nombre que hoy solloza desde el nido vacío de un jilguero,
Enredado en las ramas de majestuosos  árboles  que plantaron tus manos.
Esos árboles  lloran tu partida  junto al lecho del rio.
Esposo de mi ayer:
Hoy  la añoranza,  despertó silenciosa aquí en mi alma y se vistió de luto.
Tu recuerdo ha guardado mi tristeza, entre un blanco jazmín  
Que envuelve  con su aroma, el mármol  de la loza funeraria,
Donde se lee  tu nombre  esculpido en la tumba solitaria.

Marta Lilian Molano L  (11 de Mayo de 2010)



Ruth


Dedicado a la pequeña Ruth:
“Mi pequeña panameña, que en el istmo floreció,
Como una flor perfumada, con mejillas de arrebol,
Cuando me brindas tu risa, que brota del corazón,
Paréceme ver un ángel, que del cielo se escapó.”

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La mañana abrió sus ojos, aquel día de primavera,
Mientras las nubes llegaban, se marchaban las estrellas
Y la luna, muy sonriente, con las estrellas marchó
Y de camino a su casa, un ojito al sol guiño.

Y don Sol, siempre radiante, sus rayos de oro tendió,
Sobre una pequeña casa que entre las montañas vio
Y contempló  las mejillas sonrosadas de una flor...
¿De una flor?...-No, es una niña, que a la ventana asomó.

Es una niña que tiene, la alegría de un ruiseñor,
Las mejillas sonrosadas y el perfume de una flor,
Yo he visto ya a la pequeña, es bella y se llama Ruth,
Si Dios me diera una hija, quiero que sea como tu.


Salió temprano la niña, muy tempranito fue a ver,
A todas las abejitas, mientras fabricaban miel
Y al verla, las mariposas, todas vinieron también,
Haciéndole un caminito, con pétalos de clavel.

Muy cansada la pequeña, hasta el riachuelo llegó
Y vino El Hada del Sueño y sus ojitos cerró.
Iba muy feliz, la niña, volando de flor en flor,
Sus alas eran  doradas, con estrellas incrustadas
Que la luna enamorada, le había regalado al sol.

Iba muy feliz cantando y la escuchó Papá Dios,
Y abrió la puerta del cielo, creyéndola un angelito
Que por la ventana huyó. ..Papá Dios, tendió su mano:
Ruth, le dijo, ella voló... Y mi pequeña traviesa
Revoloteó por sus barbas y en su nariz se posó.

Y al ver sus ojos tan bellos y dulces como la miel,
Quiso sumergirse en ellos y de esa fuente divina
Todo su néctar beber.-Ruth, pequeña, ¿Qué te has hecho?
La niña se despertó; volar quiso hasta su padre,
Pero en el primer intento, la pequeña Ruth cayó.


¿Y mis alas, que se hicieron?... Al oírla, el Sol sonrió
y de camino a su casa, tiernamente con sus rayos
su carita acarició. Ahora sonriente la niña,
dormidita se quedó, acurrucada en su cama
buscó de nuevo sus alas, y vuela de flor, en flor.

Marta Lilián Molano L