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miércoles, 20 de junio de 2012

Acrósticos




Manifiesta tu Amor con Clase y Poesia. 

Acrósticos tipo recordatorio para presentación de tu bebé, bautizo, P/comunión, quinceaños, etc. Escritos en verso elaborados a mano sobre papel virgen tamaño 5x8" Incluyen copia firmada por la escritora, con el número  de registro emitido por la Dirección Nacional de Derecho de Autor y su autorización para publicarse en las páginas sociales de los diarios, si asi se desea.

Precio por una docena de acrósticos elaborados a mano, sobre papel virgen: US$75.00
*Precio Especial para dos docenas o mas: US$65.00 por docena. 
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Acróstico,  una frase en cada letra solo texto un nombre:   US$35
Acróstico,  una frase en cada letra solo texto dos nombres US$45
Ejemplo: acróstico Isabel.


E manuel, eres llanto y primavera
       la suave brisa se perdió en tu cuna,
       en tus pestañas naufragó la noche
       con suspiros nostálgicos de luna...
M

amá tejió en amaneceres yertos
sueños plateados con temblor de estrella,
          mamá gestó en la cárcel de su vientre
          a un ángel triste, con sonrisa bella.
A

nte la orquídea soberana y frágil
de tu patria, se acerca la esperanza...
        tímida va del brazo de la abuela
        mientras se forma en su cansada frente
        una corona con hilos de nácar.
N

iño cautivo en la profunda selva,
el otoño se asoma en tu mirada,
        mientras el mirlo en libertad suprema
        va esparciendo su canto primoroso
        en el seno gentil de la alborada.
U

n pajarillo entristecido al verte,
muy asustado le contó al ocaso
        que tu risa de notas cristalinas
        solloza prisionera en tu regazo...
E

n la eterna penumbra de la espera
meciéndose en su arrullo entrecortado,
        se ha iluminado el rostro de la abuela...
L

a luz radiante, acarició su frente
y una sonrisa de ilusión genuina
       al contemplar en sueños al  pequeño,
       se convirtió en diamante en sus pupilas.

Marta Lilián Molano L

(Dedicado a Emmanuel, el niño que nació cautivo en la selva de Colombia)




Inigualable es la noche coronada de luceros

Se engalana con jazmines blanquísimos y fragantes

Ante el canto enamorado del mar supremo, galante

Brillan con suaves fulgores tus ojos de mil estrellas,

En tu ventana, risueño hay un ángel de zafir

Libre como una gaviota, viaja en las alas del viento
                    Para dormir junto a ti.

                   Marta Lilián Molano L
                       Abril 11 de 2012






Entre las olas de la mar, soñando
y sobre un lecho de ilusiones idas,
reíamos felices de adorarnos
y renacía la dicha en nuestras vidas.

Lejano resplandor, luz que agonizas,
tan distante tu vida de la mía...
no  temas que mi amor, pueda extinguirse,
lo aprisiono con fuerza en mi alma herida.

Infinidad de sueños compartidos,
acaricio en mis noches de tristezas,
bullen mis venas, como ardiente río,
¡Mi sangre te reclama con vehemencia!.

Encadenadas entre tu silencio,
mis alas mensajeras se liberan
y tienden ante ti un pasado hermoso...
ya hace un año de aquello ¿Lo recuerdas?

Ceñida a ti, en agónico delirio,
aún puedo percibir tu cuerpo tibio,
entrelazado ardientemente al mío.

Encendiendo pasiones escondidas,
coronábanse juntas nuestras vidas
y tras la plenitud ilimitada,
la llama ardiente, convertida en calma,
con su paz celestial, nos cobijaba.

Recuerdas nuestro ayer? – Yo te convido,
a revivir tus sueños y los míos
y allí entre los escombros de tristeza,
florecerá el amor, como violetas,
salpicadas con chispas de rocío.

 Marta Lilián Molano L
(Año 1978)





           Sirenita de sol y suave espuma, hay un delfín que juega entre       tu risa
Oculta en tus manitas de corales, una estrella de mar sueña ser luna.
Felìz sonríe la pequeña estrella, un hada azul, se ha acercado a tu cuna.
Irradias paz, mi sirenita bella. Tu mirada cabalga entre la espuma.
A contemplarte se detiene un ángel, mientras la estrella coronada en algas
                placida duerme en brazos de la luna.

Vibran las notas de sublimes arpas, que al ruiseñor su melodía inspiran
Invitando a traviesas mariposas, impregnadas de lirios y azucenas
Como ninfas preciosas, cristalinas que candorosas, con amor te miran.
Tiernos, serenos como dos luceros, brillan tus ojos diáfanos de luna
Ojos de miel, de titilante estrella, brillan tus ojos, sirenita bella.
Resplandece sonriendo con dulzura, Jesús El Buen Pastor mece tu cuna.
Impaciente ha volado a tus pestañas, una gaviota, se refleja en tu alma.
Angelical sirena de cándida ternura, emerge airoso tu delfìn jugando
                             entre el encaje de la blanca espuma.


Marta Liliàn Molano L

Registro Nacional de Derecho de Autor numero:1-2013-12697

domingo, 9 de octubre de 2011

Tres Flores Blancas En el Muladar

Fragmento del cuento:
Daniela fatigada y muy débil abrió la puerta de la humilde habitación, tiró la gorra lejos, dejando en libertad su cabello castaño ensortijado y se quitó las botas militares. Sus pies estaban enrojecidos y con muchas ampollas. Respiró profundamente y miró la fecha en el almanaque que estaba suspendido en la pared, hoy cumplía dieciséis años. Tomó el pequeño álbum de fotos familiares que había en su mochila tirada en un rincón y al mirar en las páginas amarillentas, dos caritas sonrientes la hicieron pensar en su pasado.

Cerró los ojos por un breve instante y un rictus de amargura se dibujó en sus labios que todavía parecían de niña. Los recuerdos de la infancia acudían a su memoria, como un desfile de fantasmas mudos, que danzaban grotescos y burlones, tomados de la mano bajo la tenue luz de una lámpara de kerosén y luego huían despavoridos entre cortinas de humo, ahuyentados por risas infantiles y cantos de gorriones que plasmaron sus notas melodiosas, en la sonrisa cálida de la abuela Isabel.
La brisa calurosa que se filtró entre las grietas de la pared dañada, trajo del muladar cercano un olor añejo a madera podrida, a cigarros y a tufo. El delicado roce de la cola de Peggi su consentida gata parda, ronroneando feliz, sobándose en sus piernas, la hizo volver a la realidad. Tiro el álbum de fotos sobre la mochila­; mirándose al espejo levantó su camisa camuflada y con las manos temblorosas frías, contemplando su vientre levemente abultado, dibujó en el un corazón pequeño, como si pretendiera que la frágil criatura que estaba en gestación, lo mirara y sonriera. Daniela era delgada y su vientre tan pálido y tan suave, como los blancos pétales de una rosa escarchada de rocío. Con agua fría, quiso borrar el rastro de sus lágrimas y luego de servir un poco de alimento en la vasija de Peggi, se tendió en el destartalado catre, colocó la almohada sobre sus ojos y nostálgicamente contempló sus recuerdos.
Una y otra vez veía entre sus sueños el rostro inolvidable de su hermana, los hoyuelos pequeños definiendo con gracia el candor de su risa y su cabello despeinado al viento enredado en las hojas de los árboles, cuando subía en sus ramas para alcanzar los mangos amarillos y curiosear de cerca, los nidos solitarios. La tímida sonrisa dibujada en el pálido rostro de la niña mujer, tendida boca arriba sobre el vetusto catre, más que sonrisa parecía una mueca, un gesto de dolor perdido en el silencio, sin más testigo cerca que Peggi, la consentida gata parda que tierna ronroneaba recostada a sus pies.
Dos años han pasado tan lentos y sombríos, que quisiera arrancar de su memoria todos esos recuerdos, con la facilidad que se desprenden las hojas desteñidas del almanaque de su habitación. Dos años han pasado rasgando la inocencia de su vida, de callado martirio, de violencia y terror, de sollozos ahogados, de ilusiones marchitas y de noches febriles entre rastrojos húmedos que albergaron cadáveres sin nombre, alimañas, serpientes y borrachos lascivos, de violencia y de sexo. Dos años anhelando que el tiempo se hubiera detenido un día antes de su cumpleaños, cuando la abuela regaba su jardín, mientras el exquisito aroma de los naranjales coronados de flores, jugaba en su cabello y en las rígidas trenzas de Mariana, adornadas con cintas de colores. Dos años anhelando ir al colegio, al cine y a la plaza; noches enteras recordando su cálida familia y la comida recién preparada con sabor a laurel, cilantro y leña. Dos años dibujando entre sus sueños la silueta delgada de la abuela, en el umbral lejano de su infancia, cuando tomada de la mano de Mariana, se perdían entre risas y juegos infantiles, en el sendero de los platanales.
Sobre el vetusto catre, Daniela sintió su frágil cuerpo flotando entre las nubes y llegó hasta su oído el ronronear mimado y hechicero de su gatita parda; luego una luz sublime acarició su frente y la canción de cuna que su madre cantaba, invadió las montañas quedándose su eco en los nidos pequeños solitarios y posando sus notas en el pálido vientre nacarado, como si pretendiera arrullar en su seno cristalino marchito, al pequeño capullo que se extingue, sin llegar a nacer.­­
­Austeros han pasado los meses y los años. Los absorbió la tierra cubriéndolos con lluvias y veranos que transformaron su pesada marcha, dando a luz bellos árboles con frutos suculentos de preciosos colores y sabor exquisito. Los pajarillos cantan, hay nuevas mariposas, exóticas iguanas y ardillas con la cola espelucada, pasean tranquilamente por allí.
Desde hace muchos meses, Simón el labrador y la abuela Isabel, han visto con asombro que entre risas y cantos, dos niñas se pasean tomadas de la mano por el sendero de los platanales; las dos parecen ir rumbo a la escuela. A veces correteando, la más pequeña arroja sobre el lecho del río, las cintas de colores que sostienen sus trenzas y su cabello alborotado al viento, se enreda entre las hojas y ramas de los árboles, cuando observa los nidos pequeñitos y procura alcanzar mangos maduros. La otra muy feliz, corriendo junto a ella parece divertirse, en el fallido intento de alcanzarla.
En la morada aquella perdida y solitaria, donde duerme Daniela para no despertar, el muladar cercano se vistió de alegría y primavera. Dicen que han escuchado a dos niñas cantar y la sonrisa tierna de un pequeño bebé, se esparce con la brisa y traviesa se esconde entre las grietas de la pared raída de la casita vieja. Justo desde ese día que marca el almanaque que se haya suspendido en la pared, despertaron tres flores primorosas, radiantes y divinas... Blancas como la nieve y las perlas de nácar que parecen sonrisas brotando de una herida muy profunda en el mar… “Coincidencia casual” ¿Quién lo diría?

“¡Tres Flores Blancas en el Muladar!”

Fragmento del libro El Otoño En Los Ojos De Un Niño (Género: Poesía)

Marta Lilián Molano L