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viernes, 22 de junio de 2012

Patito Cuá


Mamita  cuéntame un cuento  le pidió Patito Cuá,
a Mamá Copo de Nieve  cuando se iban a acostar.
-Muy bien  mi patito amado  hoy sin duda aprenderás,
de una forma divertida  hasta cincuenta a contar.

En la granja de don Paco, en la laguna encantada,
para agasajar la luna  hubo un concierto de ranas;
cinco estaban muy contentas  con arpas y con violines,
lo hacían con gran excelencia  vestidas de querubines.

Dos con voz realmente hermosa  empezaron a cantar
y lo hacían de tal manera  que todas las estrellitas
en el balcón de las nubes  se asomaron a escuchar.

Entran saltando nerviosas  con su sonrisa preciosa,
diez inocentes ranitas  vestidas de mariposas.
Tres estaban escondidas  entre lirios nacarados,
con marimbas melodiosas que a la luna enamoraron.

Patito sabe muy bien que cinco mas dos son siete
y si tu le agregas diez y luego tres, suman veinte.
Veinte ranitas reunidas  en la laguna encantada
y otras treinta suspirando, ocultas entre las ramas.

Cincuenta  son en total  las ranitas que allí estaban,
veinte cantan a la luna, treinta escuchan encantadas.
Decía el Patito Cuá, mientras sus ojos cerraba
y Mamá Copo de Nieve, con ternura le abrigaba.

Marta Lilián Molano L

viernes, 15 de junio de 2012

Polly

(El Pollito que quiso ser gato)
En la granja de Paco el campesino, todos están de fiesta.. ¿La razón?
“Con su piquito tierno y delicado Polly ya está rompiendo el cascarón.

Mamá Gallina apresurada teje zapatitos muy lindos de algodón
Y el nervioso Papá Gallo va y viene, como el tic tac constante de un reloj.

El Gusano de seda en su capullo con delicados hilos de rubí,
Le tejió una bufanda y un gorrito, para abrigar muy bien al chiquitín.

Luz de Luna danzante mariposa sobre sus alas mágicas y bellas,
Le trajo polen de un bosque encantado y el beso cristalino de una estrella.

"El sapito chismoso entrometido, en el estanque
cuenta su versión:
¡Que Polly por temor a ser comido, prefiere convertirse en cazador!

Hoy en su clase de Lenguaje Polly, en vez de decir pío dijo Miau...”
Y por este motivo en el estanque, ¡Tremenda controversia se ha formado!

-Y eso amigos queridos, que aún no escuchan, dijo desde una rama Don Gorrión:
“ahora mientras volaba ¡Vi perplejo!  A Polly, que corría tras un ratón...”
  
¡Pasmados todos ellos han quedado, en la granja, algo así no había pasado!

De repente un sonoro cacareo, muy cerca del estanque se escuchó
Mamá Gallina asustada corría, en tanto que el pollito la seguía,
Gritando: -“¡Mami, ya cacé un ratón!”
  
La alborada se asoma presuntuosa, a Don Gallo, un ojito le guiñó,
El, muy coqueto sacudió sus alas, y: Kikirikikiiii.... ¡Feliz cantó!

Mamá Gallina, sorpresivamente, de aquella pesadilla despertó
Diciendo: " Gracias que era solo un sueño, miró a su lado
Y al pollito amado, entre sus tiernas plumas arrulló.”

 Marta Lilián Molano L

domingo, 20 de mayo de 2012

El Sueño de Bebé Elefante


La alborada despierta cubierta de nubes, la brisa juega con las hojas de los árboles y tiende en la montaña el aroma de las flores.  Lunes y martes parecen dormir, hechizados por la belleza del paisaje a la orilla del pequeño riachuelo.

Desde un cercano arbusto,  ruiseñor trina alegre y mira sorprendido al  pequeño elefante. Hoy ha sido un día de aventura para él; ha llegado hasta el riachuelo y se está dando un baño mientras canta. Los pececillos y el sapito que allí estaban, han tenido que huir despavoridos por el chapuzón de Bebé Elefante.

Una mariposa blanca llamada Luz de Luna, degusta el  néctar de las flores. Bebé Elefante, al verla admira su belleza y se dirige a ella diciendo estas palabras:

-¡Cómo quisiera volar como lo haces tu! Si yo tuviera alas,  podría llegar hasta  las nubes  y contemplar desde allí, todo el entorno. Seguramente mis amigos me admirarían.

 Luz de Luna no comprende por que Bebé Elefante quiere ser como ella, una criatura tan pequeña y frágil, a quien la brisa puede desprender sus alas. La mariposa se sintió ruborizada,  es muy tímida y no sabe como responder a tan galantes palabras.

Hasta el momento, nadie ha advertido la presencia de doña Tortuga Encorvada, quien pensativa recuerda cuando le ganó la carrera a una liebre muy ágil.  Doña tortuga,  es muy vieja y a causa de su experiencia, ha adquirido gran  sabiduría; ella escuchó  atentamente, las palabras de Bebé Elefante; y decidió salir de su caparazón para decir  su opinión al gentil elefantito.

_ Discúlpame si te parezco entrometida,  dijo la tortuga. No ha sido mi intención expiarte; pero sin querer, escuché lo que  dijiste a Luz de Luna, la bella mariposa.  Tus palabras, me hacen pensar que no estás satisfecho con tu aspecto; aún eres muy joven y no has descubierto las cualidades que posees. Dios te ha regalado grandes privilegios. Yo te aconsejo que te instruyas, sobre todo que adquieras el hábito de la lectura. Cuando lo haces; tus facultades despiertan y aprendes a valorar tanto la belleza que te rodea, como la que hay dentro de ti; cada día será maravilloso, no importa si es invierno, primavera o verano, apreciarás el bien que trae la lluvia, verás el encanto de la luna y, podrás tejer en tu imaginación una corona con todos los luceros para colgarla en tu balcón cuando te sientas solo.

Bebé Elefante, quedó extasiado ante el consejo de doña tortuga Encorvada, y pensó que desde éste momento, empezaría a seguir su sabio consejo.

Pasaron las semanas, los meses y los años, las flores continúan esparciendo su aroma y cada amanecer es más bello, ante los ojos de aquel elefante, que se ha convertido en fiel admirador de toda la creación.

Esta mañana, mientras el señor elefante se dirigía al río, se detuvo a contemplar una pequeña araña que  tejía una hermosa bufanda, para obsequiarla a don Grillo, el esbelto cantor que ha conquistado su corazón. Ella mientras teje, piensa en lo feliz que se sentirá don Grillo, por tan precioso regalo. Quizás como gesto de gratitud,  el le dedique una canción, al compás de su guitarra, ésta  noche, que es  luna llena.

El sabio elefante camino a su casa, descubre un acontecimiento que le causa mucha gracia:

La ardillita Cascanueces, le ha jugado una broma al Gato Gruñón. Aprovechando que está  dormido, le amarró las patas y la cola. Mientras les narro ésta historia, un ratoncito, que escuchaba atento en el cajón de mi escritorio, me contó que el Gato Gruñón ya no es valiente, pues casi no le quedan dientes para hacer sus fechorías. En otro tiempo, fue uno de los felinos mas temidos en éstas tierras.

Los rayos del sol iluminan la montaña,  a lo lejos se escuchan las pisadas del señor Elefante, que disfruta el paseo matutino, en compañía de Bin Bin, su pequeño nieto, quien insistente le pide que cante. El señor elefante, recuerda aquellos tiempos cuando el,  era “Bebé Elefante”. La  nostalgia invade su espíritu, mientras con  esfuerzo, continúa su camino apoyado en un bordón. Al   acercarse  al río, bellos recuerdos de la niñez vienen a  su memoria.  Sus torpes patas ya cansadas por el peso de los años, intentan sumergirse en las cristalinas aguas, en ese instante escucha una temblorosa voz,  suave como la brisa… Allí está en el momento que mas la necesita, doña Tortuga Encorvada, muy anciana y desdentada, le sonríe con ternura. Los ojos del abuelo Elefante, se iluminan de alegría.

_ Oye mi amigo gigante,  dice la sabia tortuga al apreciado elefante:

 Ya es hora de que enseñes a tu nieto Bin Bin a descubrir toda la belleza que hay a su alrededor. Ya es tiempo que le enseñes a leer y a crear sus propias aventuras.
Los ojos de Bin Bin, empiezan a iluminarse; su espíritu aventurero quiere descubrir mil mundos, se imagina ser pirata, conquistando muchos mares.

Entre tanto Luz de Luna, la hermosa mariposa de alas blancas, la misma que despertó hace tantos años en Bebé Elefante, el anhelo de volar, continúa degustando flores nuevas y contemplando ocultos paraísos que han quedado plasmados entre las amarillentas páginas de un libro de cuentos infantiles que mi abuela me obsequió cuando aún yo era niña.

 Marta Lilián Molano L




miércoles, 2 de mayo de 2012

Canción a Yalú


Yalú, pequeño travieso de piel morena tostada,
Tu risa es la melodía de una mágica cascada.

Hay un misterio dormido entre helechos y montañas,
En una cueva escondida que está muy cerca del río,
Pajarillos  la custodian esperando tu llegada.

Un tucán que fue cacique de una tribu legendaria,
A cambio de una sonrisa te dará una pluma mágica.

Y con las alas abiertas te espera un águila real
Ven, que entre gloriosas nubes y montañas de esmeralda,
Olas y arenas de nácar, contigo quiere volar.

Dago el camaleón gigante de piel verde con escamas,
Que tiene una larga cola y luces en su mirada,
Te rescató del naufragio de tu barca aventurera de fantasía y  papel.

Yalú  pequeño travieso de piel morena tostada,
Con Dago, con Atalaya, y el legendario Tucán,
Llévame entre hermosas nubes  mis sueños a conquistar.

Marta Lilián Molano L


viernes, 13 de abril de 2012

La Princesa de los Boreales



Soraya es la princesa de los boreales. Una noche estando sola vio a una estrella fugaz. La estrella le dijo que pidiera un deseo. Soraya pensó que su mas grande anhelo era sentirse amada, Entonces accedió a la propuesta de la estrella quien desde aquel momento, se convirtió en su amiga y Hada Madrina. La estrella fugaz abrazó a la princesa y la trajo a la playa, depositándola en la madre perla donde ha dormido varios años. Sus piernas se convirtieron en cola de sirena adquiriendo los colores y el brillo de las piedras preciosas. Jenny la amistosa sirenita sonríe y dos pequeños hoyuelos se dibujan en sus mejillas. La estrella fugaz que es el Hada Madrina vive entre nosotros. Falta muy poco tiempo para que despierte la Princesa Soraya, cuando Marco Aurelio el príncipe de las sirenas y delfines haga su arribo para casarse con ella, habrá una ceremonia que será inspiración a reyes y poetas.


Marta Lilián Molano L 
(Fragmento del libro Bebé Adrih Sueña)

jueves, 15 de diciembre de 2011

Ruth


Dedicado a la pequeña Ruth:
“Mi pequeña panameña, que en el istmo floreció,
Como una flor perfumada, con mejillas de arrebol,
Cuando me brindas tu risa, que brota del corazón,
Paréceme ver un ángel, que del cielo se escapó.”

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La mañana abrió sus ojos, aquel día de primavera,
Mientras las nubes llegaban, se marchaban las estrellas
Y la luna, muy sonriente, con las estrellas marchó
Y de camino a su casa, un ojito al sol guiño.

Y don Sol, siempre radiante, sus rayos de oro tendió,
Sobre una pequeña casa que entre las montañas vio
Y contempló  las mejillas sonrosadas de una flor...
¿De una flor?...-No, es una niña, que a la ventana asomó.

Es una niña que tiene, la alegría de un ruiseñor,
Las mejillas sonrosadas y el perfume de una flor,
Yo he visto ya a la pequeña, es bella y se llama Ruth,
Si Dios me diera una hija, quiero que sea como tu.


Salió temprano la niña, muy tempranito fue a ver,
A todas las abejitas, mientras fabricaban miel
Y al verla, las mariposas, todas vinieron también,
Haciéndole un caminito, con pétalos de clavel.

Muy cansada la pequeña, hasta el riachuelo llegó
Y vino El Hada del Sueño y sus ojitos cerró.
Iba muy feliz, la niña, volando de flor en flor,
Sus alas eran  doradas, con estrellas incrustadas
Que la luna enamorada, le había regalado al sol.

Iba muy feliz cantando y la escuchó Papá Dios,
Y abrió la puerta del cielo, creyéndola un angelito
Que por la ventana huyó. ..Papá Dios, tendió su mano:
Ruth, le dijo, ella voló... Y mi pequeña traviesa
Revoloteó por sus barbas y en su nariz se posó.

Y al ver sus ojos tan bellos y dulces como la miel,
Quiso sumergirse en ellos y de esa fuente divina
Todo su néctar beber.-Ruth, pequeña, ¿Qué te has hecho?
La niña se despertó; volar quiso hasta su padre,
Pero en el primer intento, la pequeña Ruth cayó.


¿Y mis alas, que se hicieron?... Al oírla, el Sol sonrió
y de camino a su casa, tiernamente con sus rayos
su carita acarició. Ahora sonriente la niña,
dormidita se quedó, acurrucada en su cama
buscó de nuevo sus alas, y vuela de flor, en flor.

Marta Lilián Molano L

martes, 22 de noviembre de 2011

Retazos de mis Vivencias

Nosotros Dos


Cuando los años nuestros ojos nuble 
y sea la juventud vago recuerdo,
 allí estarán los frutos que sembramos, 
en las delicias de un amor supremo.
 Cuando tu boca avejentada ría 
al alegre jugar de nuestros nietos,
 en esa misma boca habrá quedado 
el imborrable fuego de mis besos.  
Cuando ancianos los dos y ya cansados, 
nos sorprendan los años del invierno, 
 estaremos tan juntos como ahora 
viviendo del amor y los recuerdos. 
Allí estarán también nuestros retoños, 
con sus risas, sus llantos y sus juegos
 y será un paraíso construido, 
del mas hermoso amor y el mas eterno. 
Cuando tus dedos temblorosos jueguen 
entre el sedoso pelo de tus nietos
 y a nuestro alrededor todos se sienten, 
para escuchar con atención los cuentos... 
Cuando la vida allí se nos detenga, 
comprenderás que todo no es un sueño, 
que estaremos tan juntos como ahora 
entre el dulce cantar de nuestros nietos. 
Marta Lilián Molano L
(Panamá 1978)



(Una Historia de Amor y de Perdón)
Pequeña de mi ensueño
Supe que tu nombre es Monique. Te imagino como un tierno  capullo hermoso y sonrosado, intentando palpar con tus gráciles dedos, los rayitos de luz que acarician tus ojos y creo contemplar tu candoroso rostro con gracia angelical. Recuerdo cuántas veces anhelé acunarte entre mis brazos. Hoy al saber tu nombre, me decidí a escribir éste mágico cuento en homenaje a ti.
http://horizontedepoesia.blogspot.com/2012/04/la-gaviota-de-oro.html
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En un precioso lugar que Dios bendijo, donde el frío matinal salpicando con gotitas de rocío, juguetea entre praderas y elevadas montañas, hace algunos años comenzó la historia que hoy te cuento.
Al vaivén de la brisa cristalina las mariposas parecen danzar y una gran variedad de hermosas flores, presuntuosas esparcen su fragancia.
El viejo y gigantesco roble que allí habita perezosamente extiende sus ramas y con pausada voz que casi hechiza le cuenta a las mariposas y a las flores, que hace siglos el arco iris,  mezcló muchos colores y en un derroche  inspiración, con un pincel de nácar que le obsequió la luna, pintó las flores y las alas de las mariposas, también pintó las plumas de las aves, las nubes y las altas montañas que estaban a su alrededor.
Cada mañana muy temprano cuando el sol ilumina los cerros empinados y los sauces despiertan a la orilla del río, sobre la tierra fértil se escuchan las pisadas de un joven campesino, que diligente planta con mágicas semillas huertos de variadas especies y árboles de frutos deliciosos.
El solitario sembrador, sonríe al descubrir que astutos conejillos sigilosamente se esconden para averiguar cual es el huerto de las zanahorias. Luego, cuando el se marcha, los traviesos espías de suave pelaje, orejas muy largas y nariz temblorosa y sonrosada, salen de su escondite y desfrutan suculentos banquetes. Después de aquel festín, se quedan profundamente dormidos.
En más de una ocasión, cuando el sembrador recorría su acostumbrada ruta, encontró ruiseñores y gorriones que estaban heridos junto al camino y él, con mucho esmero cuidó de ellos, hasta que los pajarillos recobraron su fuerza y estuvieron listos para emprender el vuelo.
Las manos del sembrador son muy fuertes, ágiles y bellas, aunque en ellas quedaron dibujadas las heridas que la tierra plasmó, en sus largas jornadas de trabajo.
Un atardecer cualquiera mientras el ocaso se recostaba sobre el lecho del río, el joven sembrador se detuvo un momento para descansar. En ese preciso instante, en un lugar lejano una gaviota muy bella, con plumas de oro, ojos de esmeralda y delicado pico de rubí, se escapó de un cuento de hadas. Ansiosa estaba la gaviota aquella, de conocer un horizonte nuevo.
El dorado reflejo de sus alas surcaba el firmamento, y corriendo apresurada, detrás de su esplendor, una joven que también se escapó del cuento, en vano hizo el intento de alcanzarla.
Buscaba la doncella en las colinas, recorrió las praderas y llegó hasta la cima de las grandes montañas, tratando de alcanzar a la Gaviota de Oro, que le había arrebatado su más hermoso anhelo.
Estando ya cansada y muy sedienta, se dirigió al majestuoso sol. El astro gentilmente le aconsejó que se diera prisa en llegar a la tierra del joven sembrador; seguramente el  le ayudaría a encontrar a la Gaviota de Oro, que llevó en su piquito, oculto entre un rubí su tesoro mas bello, el anhelo que ella había guardado celosamente en su corazón.
La joven se dispuso a continuar su viaje. Calmó la sed en una cristalina fuente y bajo la atenta mirada del sol, feliz corrió en busca de su gaviota.
Danzaba entre las flores, con los ojos cerrados absorbía sus fragancias, tan concentrada estaba disfrutando el paisaje, que no se percató de aquel tronco que había atravesado en su camino, y al tropezar en el, rodó por un sendero de peñascos, y espinos que se incrustaban en su piel, causándole dolor y rasgando su precioso vestido que era blanco.
Cuando la tarde decidió marcharse a reclinar su rostro en las piedras del río, el sembrador terminó su trabajo, mientras se dirigía a casa, escuchó que alguien sollozaba.
La naciente sonrisa de la luna iluminó los pasos del joven sembrador. Sus pisadas se quedaron suspendidas dibujadas entre la tierra húmeda.
Fue cuando la encontró, allí estaba la joven con su vestido roto, muy triste sollozando. El sembrador la miró con ternura infinita sanando una a una sus heridas, luego tomándola en sus brazos la llevó a su casa.
-Y ahora, dime niña de mi ensueño: ¿Alguna vez imaginaste acaso, que llegarías a ser parte de un cuento? ¿Recuerdas el tesoro tan preciado que llevó la gaviota en su pequeño pico de rubí? ¡El tesoro, pequeña fue el anhelo de contemplarte a ti!
Aquel lugar por cierto era muy bello, allí se reunían los grillos junto a la quebrada y cantaban dichosos. La noche despertaba como una hermosa dama, con majestuosidad y cuando se escondía entre las grandes montañas, se escuchaba  un arrullo. La noche a veces parecía gemir, era que estaba dando a luz a la mañana y luego la envolvía  con su velo de estrellas matutinas.
Una mañana, delante del viejo roble que había cuidado aquellas tierras, el sembrador y la joven con un beso de amor unieron sus vidas. Sus risas se escuchaban y otro par de huellas más pequeñas quedaban dibujadas junto a las huellas del joven sembrador.
El firmamento entero fue testigo, de lo que pudo ser el mas sublime amor.
Pasaron las semanas y los meses que daban paso austero a los años también, la lluvia sollozaba en mi ventana, yo en silencio pensaba en  mi  gaviota,  la que  llevó en sus alas mi anhelo mas preciado. 
También el sembrador anhelaba tener un capullo especial; un capullo con pétalos rosados y sonrisa de ángel, un precioso capullo que en su tierra, el sembrador jamás pudo sembrar.
Las hojas de los sauces todas se estremecieron, bañadas de rocío parecían llorar. Las aves despertaron, cuando el búho solitario velaba pensativo en su ramita y se escuchaban las pisadas del sembrador que cada vez, se alejaba más. Se ha marchado…Abandonó su tierra -Le dijo un ruiseñor a un precioso quetzal.  Oculta su silueta entre la  noche se perdió. Se marchó simplemente pensando realizar su más íntimo anhelo.
El viejo y sabio roble que durante siglos fue el guardián de aquel bello lugar, meditabundo y triste se quedó dormido;  no ha vuelto a cantar ni a narrar sus historias a las flores.  Sus ramas, poco a poco se secaron y las aves que allí se refugiaban, han empezado a emigrar hacia las altas colinas.
Dos décadas de inviernos y veranos quedaron registradas por el cincel del tiempo, grabadas en los troncos de los sauces que todavía despiertan a la orilla del río.



Esta mañana temprano, un rayito dorado se me posó en la frente. Se filtró suavemente a través de mi ventana y con gran delicadeza se recostó en mi almohada. Su luz cálida y pura acarició mi rostro, como si quisiera hacerme sentir que alguien me amaba.
Lentamente mis párpados se abrieron y pude contemplar a la hermosa gaviota de las plumas doradas, sus ojos de esmeralda parecían mas verdes, como si en ellos hubiera quedado impregnado el infinito verde de los fértiles bosques y la savia de aquel roble gigante, que se quedó dormido para siempre.
Extasiada miraba a mi Gaviota, con su piquito rojo tocando a mi ventana… A pesar de estar cerca también estaba lejos, dos décadas pasaron antes que ella llegara. Fue por este motivo niña hermosa, que preferí no abrirle la ventana.
Ella, al verse en mis ojos  reflejada comprendió mis motivos, y desplegó sus alas. Se dirigió ésta  vez a construir su nido en el ocaso. Cuando se fue, corrí hasta mi ventana y quedé sorprendida, al descubrir el pequeño rubí incrustado en una lágrima dorada. Aquel rubí donde celosamente guardé como un tesoro, el anhelo mas preciado de mi vida.
Hoy cuando desperté dulce pequeña, me pareció escuchar un bello canto con notas musicales de esperanza, que volaba en las alas de la brisa, impregnándolo todo con el fragante aroma de las flores.
Las mariposas de bellos colores otra vez parecían danzar, cuando los rayos del sol coronaban la cúspide imponente de los cerros…Y fue en ese momento, cuando abrí mi ventana que pude contemplar al viejo roble, que estaba despertando, perezosamente extendía sus ramas,  las hojas secas recobraban su color verde esperanza, y una bandada de preciosas aves,  regresaban para buscar refugio entre sus ramas.
Dos décadas quedaron registradas en el reloj del tiempo; sin embargo las huellas que estuvieron plasmadas sobre la tierra fértil, cuando cada mañana la  alborada, susurraba al oído del joven sembrador… Esas huellas ahora ya no existen, en su lugar perduran bellas rosas, son rosas encarnadas que no tienen espinas.

-“Hoy niña de mi ensueño has de saber, que tú fuiste el capullo que yo tanto anhelé”.

Se muy bien que los años han pasado y que en este momento, posiblemente te hayas transformado, en la dulce doncella que  escapó de las hermosas páginas de un cuento.
Por eso niña bella yo guardé la preciosa chispita de rubí, que la Gaviota de Oro me dejó, para dártela a ti.

Marta Lilián Molano L
Agosto 22 de 2005
El Regreso del Sembrador 
(La Gaviota de Oro veintiocho años después)

El Sembrador ha vuelto el de ojos de Miel, trajo con el tres rosas y un precioso clavel.
Las algas le contaron a un alegre quetzal, por el camino angosto hoy le han visto pasar.
El sembrador se acerca me lo dijo la luna, mientras teje sus sueños de perlas y de espuma.

Hace ya muchos años escribí al sembrador, un poema que siempre guardé en mi corazón.
Como si fuera un pacto de la tierra y el cielo y hubiera sido impreso con un punzón de hierro.
Tres décadas pasaron, borrascas y tormentas y tras su larga ausencia, del precioso camino que una vez recorrimos, se borraron sus huellas.
El sembrador ha vuelto hoy preguntó por ti, quiere hablarte al oido, con sonrisa traviesa me lo dijo un jazmín.
Los árboles susurran y la brisa también !El Sembrador ha vuelto, el de Ojos de Miel! Trajo tres bellas rosas y un precioso clavel.
Sus varoniles manos las que yo tanto amé, hoy algo temblorosas emergen en mis sueños como alas de gaviota...
!Como alas de gaviota en las que un día volé, mientras buscaba un sueño que nunca conquisté!
Hablamos brevemente sin rencores ni dudas, sin heridas sangrantes, sin recuerdos distantes, porque estaban dispersos jugueteando en el aire...
Un ríctus de tristeza adiviné en su boca ¿Su boca? Sí su boca, la que tanto besé, la que me supo a mangos, a duraznos y a miel.
Inviernos han pasado coronando sus sienes con escarcha de ensueños, primaveras y nieve.
!El sembrador ha vuelto, hoy escuché su voz!
Su voz como riachuelo refrescando a la hiedra
Como suave caricia de la brisa a la piedra,
Como aroma al desierto, como trigo al hambriento
Como lluvia a la flor...

!El Sembrador ha vuelto hoy escuché su voz!

Marta Lilián Molano L
Noviembre 8 de 2011

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Los Recuerdos esperan en la antesala del ayer, para hacer su debut en el olvido.
 Marta Lilián Molano L  (Abril 30 de 2012)

El Llanto del Sembrador



Aquí está el Sembrador, me lo dijo la luna, 
mientras teje un rosario de sueños y de espuma.
Su alma se entristece, le lastima la espina
de una rosa sagrada que es la flor de su vida.

Después de tantos años, me senté frente a él,
y vi emerger el llanto de sus ojos de miel.
Estrellitas dolientes bañaron sus mejillas
el amor hecho esencia, se asomo a sus pupilas
en gotitas de lluvia revestidas de sal,
como niñas traviesas, que se escapan del mar.

Su dolor infinito, se refugió en mi pecho
y al contemplar sus ojos, trémulos laberintos
bañados de tristeza, de amor y de silencio,
mi espíritu impotente, no sabía qué hacer.

He visto al sembrador que tiene ojos de miel,
del dolor que le agobia, fui testigo también
conmigo había una rosa, y un precioso clavel.

Mi espíritu impotente, se estremece en mi ser,
su alma en llanto brota bañando sus mejillas
gime su ser como cascada triste y mi alma también.

Marta Lilian Molano L
Viernes 31 de Agosto de 2012